martes, 19 de noviembre de 2013

La lucha de la mariposa 
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver
a la  mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio
y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba
por poder salir de capullo.
El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del
pequeño orificio en el capullo, hasta que llego un momento en el que aparentemente
no progresaba en su intento.
Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar
a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo
más grande, y así fue que por fin la mariposa pudo salir.
Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas
y dobladas. El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante
crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado
que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedió y la mariposa solamente podía
arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado,  y con sus alas Nunca pudo llegar
a volar.
Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la
apertura del capullo y la lucha requerida por la  mariposa, para salir por él diminuto
agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa
hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.
Libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa de
la lucha,  también le fue privada su salud, la vida. Si Dios nos permitiese progresar por
nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser
tan fuertes como podíamos haberlo sido.  ¡Cuánta verdad hay en esto!
Cuántas veces hemos querido evitar el camino de las dificultades, tomando esas tijeras
y recortando el esfuerzo para poder ser libres. Necesitamos recordar que nunca
recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y
caídas, somos fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.
Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no
debemos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener.
No pensemos ni nos enfoquemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada instante de
cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado.
LOS  MEJORES AMIGOS
Hubo una vez dos mejores amigos. Ellos eran inseparables, eran una sola alma. Por alguna razón sus caminos tomaron dos rumbos distintos y sesepararon.
Yo nunca volví a saber de mi amigo hasta el día de ayer, después de 10 años, que caminando por la calle me encontré a su madre. La saludé y lepregunté por mi amigo. En ese momento sus ojos se llenaron de lágrimas y  me miró a los ojos diciendo: murió ayer.... No supe qué decir, ella meseguía mirando y pregunté cómo había muerto.
Ella me invitó a su casa, al llegar allí me ofreció sentarme en la sala vieja donde pasé gran parte de mi vida, siempre jugábamos ahí mi amigo y  yo. Me senté y ella comenzó a contarme la triste historia. Hace 2 años le diagnosticaron una rara enfermedad, y su cura era recibir cada mes una transfusión de sangre durante 3 meses, pero ¿recuerdas que su sangre era muy rara?, sí, lo sé, igual que la tuya....
Estuvimos buscando donadores y al fin encontramos a un señor vagabundo.
Tu amigo, como te acordarás, era muy testarudo, no quiso recibir la sangre del vagabundo. Él decía que de la única persona que recibiría sangre sería de ti, pero no quiso que te buscáramos, él decía todas las noches: no lo busquen, estoy seguro que mañana si vendrá.... Así pasaron los meses, y todas las noches se sentaba en esa misma silla donde estás tú sentado y rezaba para que te acordaras de él y vinieras a la mañanasiguiente. Así acabó su vida y en la última noche de su vida, estaba muy mal, y sonriendo me dijo: madre mía, yo sé que pronto mi amigo vendrá,pregúntale por qué tardó tanto y dale esa nota que está en mi cajón.
La señora se levantó, regresó y me entregó la nota que decía:
Amigo mío, sabía que vendrías, tardaste un poco pero no importa, loimportante es que viniste. Ahora te estoy esperando en otro sitio espero que tardes en llegar, pero mientras tanto quiero decirte que todas las noches rezaré por ti y desde el cielo te estaré cuidando mi querido mejor amigo. ¡Ah, por cierto, ¿te acuerdas por qué nos distanciamos? sí, fue porque no te quise prestar mi pelota nueva, jaja, qué tiempos.... éramos insoportables, bueno pues quiero decirte que te la regalo y espero que te guste mucho. Te quiere mucho: tu amigo por siempre.
 
"No dejes que tu orgullo pueda más que tú corazón...
La amistad es como el mar, se ve el principio pero no el final"

LA HISTORIA DEL ALPINISTA

Un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él sólo; por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde. No se preparó para acampar, sino que siguió subiendo, decidió llegar a la cima. Oscureció. La noche cayó con gran pesadez; en lo alto de la montaña no se podía ver nada.
Todo era negro cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por nubes. Subiendo por un alcantarillado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires, caía a una velocidad vertiginosa.
Solo se podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo, y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida. El pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente sintió un tirón y muy fuerte que casi lo parte en dos. Como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: “Ayúdame, Dios mío”. De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contesto: “¿Qué quieres que haga?”. “Sálvame, Dios mío”. “¿Realmente crees que te pueda salvar?” “Por supuesto, señor”. “Entonces corta la cuerda que te sostiene”. Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó.
Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda… a dos metros del suelo.