martes, 24 de junio de 2014

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viernes, 31 de enero de 2014

la primera revolución industrial.

El cambio que se produce en la Historia Moderna de Europa por el cual se desencadena el paso desde una economía agraria y artesana a otra dominada por la industria y la mecanización es lo que denominamos Revolución Industrial. La denominada Revolución Industrial tuvo su origen en Gran Bretaña desde mediados del siglo XVIII. Los principales rasgos de la Revolución Industrial habría que clasificaros en tecnológicos, socio económicos y culturales. Los cambios tecnológicos incluyen los siguientes: el uso de nuevos materiales como son el hierro y el acero; de nuevas fuentes de energía como el carbón y nuevas fuerzas motrices como la máquina de vapor. Se inventarán nuevas máquinas para hilar o para tejer el telar mecánico que permiten un enorme incremento de la producción con un mínimo gasto de energía humana. También deben destacarse las importantes mejoras de los transportes trenes y barcos de vapor y la creciente interacción entre la ciencia y la industria. Estos cambios tecnológicos supondrán un vertiginoso incremento del uso de recursos naturales y de la producción en masa de bienes manufacturados. Fuera del campo industrial se producirán también importantes cambios: mejoras en la agricultura que hará posible el suministro de alimentos para una creciente población urbana, declive de la tierra como principal fuente de riqueza con el creciente papel que irán tomando la industria y el comercio internacional. Entre los cambios sociales y culturales son destacarles el crecimiento de la población urbana, el desarrollo de la llamada clase obrera y sus movimientos de protesta el movimiento obrero, el espectacular crecimiento de los conocimientos científicos y técnicos... Inicios de la Revolución Industrial. – Condiciones: – aumento de la producción agraria – mano de obra abundante – existencia de capital para invertir – expansión del comercio – innovaciones técnicas – mentalidad empresarial – marco político favorable.

lunes, 27 de enero de 2014

INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PARA AMÉRICA LATINA.



Rodrigo Santillán Peralbo Dr. Ciencias de la Comunicación. Fue Presidente del Colegio de Periodistas, de la Unión Nacional de Periodistas, Vicepresidente de la FELAP y de la OIP. Autor de varios libros como En las garras del imperio, Agresiones Made in USA, El lenguaje en el periodismo de opinión y otros. Director de la Revista Siempre, editorialista del Diario La Hora y Docente de la Universidad Central del Ecuador. 




La larga y obscura noche colonial fenecía con el amanecer de nuestros pueblos en el “Primer Grito de la Independencia” del 10 de agosto de 1809. Las sangrientas guerras independentistas en las que participaron miles de hombres y mujeres de nuestra América Indo mestiza derrotaron al imperio español, pero muy pronto fue reemplazado por el imperio inglés y luego por el imperio yanqui.

Casi no hubo tiempo para vivir plenamente con soberanía e independencia, porque las guerras de liberación nacional ni siquiera beneficiaron a los pueblos indios y mestizos, sino a sus opresores criollos predispuestos a beneficiarse del comercio ofrecido por sus nuevos amos. Al fin, la independencia fue para usufructo de las clases dominantes con vocación de ser dominadas por los centros hegemónicos imperiales.

En estos primeros años del siglo XXI, comienza un despertar de los pueblos que ya presienten, de alguna manera, que es preciso luchar por la segunda y definitiva independencia, lucha que debe darse en dos frentes: uno interno para librarse del poder de las oligarquías como estrato superior de las clases dominantes, y otro externo para derrotar al imperio y todas sus formas de dominación y neocolonización.

Ha llegado el tiempo de las transformaciones revolucionarias para conquistar el derecho a la soberanía e independencia de nuestras patrias. Para apoyar a ese irrenunciable propósito, un grupo de intelectuales, ha creado el Comité Independencia y Soberanía para América Latina.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por las Naciones Unidas en 10 de diciembre de 1948, se advierte que “todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Si esto vale para las personas, el mismo principio podría aplicarse a los Estados, pueblos y naciones, y exigir que todos sean tratados iguales en dignidad y derechos y abolir para siempre la falsa idea de que un Estado es superior a otro.

Ya se ha dicho que “la Independencia y Soberanía de una Nación es equivalente a la libertad personal”. De ser así, se podría afirmar que no debería haber una sola persona sin libertad, sin decoro, sin dignidad, como no podría existir un Estado sin personalidad jurídica; es decir sin independencia y soberanía o con ellas retaceadas o mediatizadas por un poder extraño.

Octavio Díaz expresaba que “La soberanía, es el poder o autoridad que posee una persona o un grupo de personas con derecho a tomar decisiones y a resolver conflictos en el seno de una jerarquía política. El hecho de poder tomar estas decisiones implica independencia de los poderes externos y autoridad máxima sobre los grupos internos.

La concepción de soberanía, se define en torno al poder y se comprende como aquella facultad que posee cada Estado de ejercer el poder organizativo e independencia de acción sobre su sistema de gobierno, su territorio y su población. Se puede ver desde dos ámbitos diferentes, uno interno y otro externo. En su modo interno, la soberanía hace alusión al poder definido anteriormente, el que se relaciona con el poder de un determinado Estado sobre su territorio y su población. El carácter externo hace referencia a la independencia que tiene un Estado del poder que ejerce otro, en un territorio y población diferentes, en otras palabras, un Estado en particular es soberano mientras no dependa de otro Estado.

Por otra parte, la soberanía se puede comprender desde dos perspectivas, una jurídica y una política. La soberanía jurídica a través de la cual un Estado puede tomar contacto con el mundo, con lo internacional, a través de su participación en diferentes organizaciones internacionales, tratados, pactos y compromisos diplomáticos, entre otros. La soberanía política alude al poder del Estado de imponer todo aquello que le parezca necesario. Aunque se piense que cada Estado ejerce su soberanía jurídica y política, no es así en todas las naciones. Existen casos en los que el Estado puede tener la soberanía jurídica, sin embargo, su soberanía política depende de los dictámenes de otras naciones en cuanto a su desarrollo social, político y económico.

Para Ernesto Che Guevara (1960). “La soberanía política y la independencia económica son dos términos que tienen una estrechísima unión y necesariamente deben ir juntos... afirma que la soberanía política es un término que no hay que buscarlo en definiciones formales sino que hay que ahondar un poquito más, hay que buscarle sus raíces […] la soberanía nacional significa, primero, el derecho que tiene un país a que nadie se inmiscuya en su vida, el derecho que tiene un pueblo a dar el gobierno y el modo de vida que mejor le convenga, eso depende de su voluntad y solamente ese pueblo es el que puede determinar si un gobierno cambia o no. Pero todos estos conceptos de soberanía política, de soberanía nacional, son ficticios si al lado de ellos no está la independencia económica […] la soberanía política y la independencia económica van unidas. Si no hay economía propia, si se está penetrado por un capital extranjero, no se puede estar libre de la tutela del país del cual se depende, ni mucho menos se puede hacer la voluntad de ese país si choca con los grandes intereses de aquel otro que la domina económicamente […] El poder revolucionario o la soberanía política es el instrumento para la conquista económica y para hacer realidad en toda su extensión la soberanía nacional.

Tanto el Comité Independencia y Soberanía para América Latina –CISPAL- como la Revista Siempre desean contribuir a la toma de conciencia y formación ideológica de nuestros pueblos, porque sin teoría revolucionaria no hay revolución; muy equivalente a sin ideología revolucionaria no hay revolución. Sin una sólida formación ideológica-revolucionaria, fácilmente se decae en populismos de la peor especie que terminan siendo contrarrevolucionarios y, por tanto, retardatarios de los verdaderos procesos revolucionarios.

Es preciso contribuir a la formación ideológica-política de los pueblos y, en especial de las juventudes. Indispensable es liberarse del tutelaje del conocimiento extranjero, de la dependencia tecnológica y crear las condiciones para forjar nuevas revoluciones científico-técnicas que contribuyan al desarrollo social, económico, político y cultural de los pueblos, de acuerdo a las realidades particulares y necesidades sentidas e insatisfechas. En otras palabras se debe luchar para alcanzar la soberanía cognitiva que permita alcanzar una nueva cultura política, soberanía de tanta p mayor importancia que la soberanía alimentaria o la defensa soberana del patrimonio genético y uso soberano de los recursos naturales.


“Las concepciones de soberanía pueden definirse también como: los ideales heredados de personajes de la historia sobre la autonomía y la autodeterminación de los pueblos, ideas que reafirman en los ciudadanos la necesidad de defender las riquezas culturales y naturales de la patria, así como, su identidad como venezolana, latinoamericana y caribeña. Los ideales heredados de nuestros pensadores libertarios forman parte de las concepciones de emancipación y soberanía…”

Paulatinamente se avanza en la recuperación de la soberanía e independencia con la consolidación de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América- Tratado de Comercio de los Pueblos- ALBA.

"Los principios del Alba son fundamentales para trazar el camino que estamos recorriendo. Todas las metas y programas de trabajo que en el campo económico, energético, financiero, educativo, cultural, alimentario y en todas las dimensiones de trabajo que nos estamos planteando tienen un objetivo central que es construir la independencia y la soberanía de nuestros países y de nuestros pueblos", advertía el canciller venezolano Nicolás Maduro y añadía que el colonialismo que invadió Suramérica hace más de 500 años destruyó la región y rompió las bases culturales de los pueblos, bases que mediante la Alianza Bolivariana comienzan a erigirse…

Expresión soberana de nuestros pueblos es la UNASUR que avanza hacia su fortalecimiento a pesar de las amenazas directas, latentes e indirectas del imperio. Sin duda, estamos en tiempos nuevos de reivindicación con los renacidos ideales de nuestros libertadores que aspiraban a construir una nación poderosa forjada en la unión de pueblos y naciones desde el río Bravo hasta la Tierra del Fuego.

Maduro sostuvo que el proceso revolucionario que se experimenta en Suramérica permitirá apuntalar la independencia y de esta manera consolidar una zona de paz en la región, ante la amenaza imperial de los países que desean apoderarse de los recursos naturales de países soberanos. “Estamos construyendo procesos revolucionarios para consolidar y construir la verdadera independencia, pero también para consolidar una inmensa zona de paz en Suramérica. Que Suramérica sea una inmensa zona de paz, de vida, de construcción y de felicidad para nuestros pueblos”.

Tanto el Alba como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) permitirán acelerar los procesos de integración y para ese fin es una necesidad inaplazable, la expulsión de todo tipo de bases militares extranjeras en nuestra América Latina y el Caribe.

Para analizar los significados de la independencia, soberanía y los problemas provenientes de los intervencionismos imperiales que se desatan desde las embajadas y bases militares yanquis, se desarrolló un importante Foro Nacional denominado Paz, Soberanía y Bases Militares, organizado por la Escuela de Trabajo Social de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central del Ecuador, por el Comité Independencia y Soberanía para América Latina y por la Revista Siempre.

Los expositores fueron destacados intelectuales, profesores universitarios y políticos que a los largo de sus valiosas vidas han sido ejemplo de compromiso con las luchas sociales, decisión y coraje antiimperialista. Jaime Galarza Zavala, Diego Delgado Jara, Hernán Rivadeneira Játiva y Germán Rodas Chávez, con enorme solvencia y sobra de conocimientos se refirieron a la temática planteada. El Foro fue dirigido por Eduardo Zurita Gil, Presidente del Comité Independencia y Soberanía para América Latina.

lunes, 20 de enero de 2014

Las guerras de independencia hispanoamericanas 
fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones españolas en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron grupos independentistas contra autoridades virreinales y los fieles a la Corona española. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras.6
Los movimientos independentistas de América Hispánica adquirieron formas variadas de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región. Por ello «es esencial que, al principio, no reduzcamos movimientos diferentes a un denominador común. Grupos diferentes actuaron en etapas diferentes: la élite caraqueña tomó la iniciativa de separarse de la monarquía española en 1810 pero la élite de la capital novohispana se dividió en 1808 acerca de la cuestión de la autonomía dentro del imperio, se opuso a la revolución de Independencia en 1810 y no actuó como grupo homogéneo en 1821 cuando se integró en el movimiento de Iturbide».7
La crisis política en España y la ocupación de su territorio por parte de Francia en 1808 constituyen dos hechos que incentivaron el independentismo en Hispanoamérica. Como respuesta a la entronización de José Bonaparte en España, entre 1808 y 1810 se instalaron juntas de gobierno que ejercieron la soberanía ante la ocupación francesa, tanto en la península como en las posesiones de ultramar. Las diferencias entre España y las colonias se fueron agudizando después de esa crisis, lo que finalmente desencadenó los movimientos armados independentistas hispanoamericanos. La lucha armada entre los americanos y los ejércitos coloniales inició alrededor del 1810 en la mayoría de los dominios españoles. La independencia de las nuevas naciones se consolida en la década de 1820. Después de perder El Callao en enero de 1826, los únicos territorios dominados por los españoles en América eran Cuba y Puerto Rico.
Después del asedio final en El Callao no hubo otra operación militar en suelo continental desde España sobre las antiguas colonias hasta 1829, cuando la expedición de Isidro Barradas llegó a Tampico y fue derrotada por el Ejército Mexicano. Sin embargo los gobiernos independientes enfrentaron las guerrillas realistas, por ejemplo en 1823-1827 en (Venezuela); entre 1827 y 1830 en Pasto (Colombia); en el sur de Chile, apoyados por mapuches y pehuenches, hasta 1832; y la guerrilla de Iquicha en Perú, hasta la década de 1830.
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia establecieron relaciones comerciales con los nuevos gobiernos americanos y posteriormente reconocieron la soberanía de los nuevos estados a lo largo de la década de 1820. Sin embargo España sólo abandonó los planes de reconquista después de la muerte de Fernando VII, ocurrida en 1833. Las Cortes españolas renunciaron a los dominios americanos en 1836 y autorizaron al gobierno para que pueda realizar tratados de paz y reconocimiento con todos los nuevos estados de la América española.
La Guerra de la Independencia Española fue el detonante de la independencia americana y dio lugar en España a un largo período de inestabilidad en la monarquía durante reinado de Fernando VII. La eliminación de la dinastía de los Borbones del trono español por parte de Napoleón desató una crisis política en todo el imperio. Aunque el mundo hispano de manera casi uniforme rechazó el plan de Napoleón para dar la corona a su hermano, José, no concebía una solución clara a la ausencia de un rey legítimo. A raíz de las teorías tradicionales de política española en la naturaleza contractual de la monarquía (ver Filosofía del Derecho de Francisco Suárez), las provincias peninsulares respondieron a la crisis mediante el establecimiento de juntas autónomas. La medida, sin embargo, condujo a una mayor confusión, ya que no había una autoridad central y la mayoría de las juntas no reconocieron la pretensión de unas pocas juntas en la península de ser la representación de toda la monarquía en su conjunto. La Junta de Sevilla, en particular, pretendía extender su autoridad sobre el imperio de ultramar, debido al papel histórico de la provincia en el monopolio del comercio exclusivo con América.
Estas pretensiones fueron resueltas a través de negociaciones entre las juntas y el Consejo de Castilla, lo que condujo a la creación de una Junta Suprema y Central de Gobierno de España y de Indias, el 25 de septiembre de 1808. Se convino en que los reinos tradicionales de la península enviarían dos representantes a esta Junta Central, y que los reinos de ultramar podrían enviar un representante cada uno. Estos "reinos" se definen como los virreinatos de: Nueva España, Perú, Nueva Granada y Buenos Aires, y las capitanías generales independientes de: la isla de Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Chile, Venezuela, y las Filipinas.
Este plan fue criticado por ofrecer una representación desigual y escasa de los territorios de ultramar, sin embargo, a fines de 1808 y comienzos de 1809, las capitales provinciales eligieron los candidatos, cuyos nombres fueron enviados a las capitales de los virreinatos o capitanías generales. Varias grandes ciudades importantes se quedaron sin ninguna representación directa en la Junta Suprema. En particular Quito y Chuquisaca (La Plata o Sucre), que se veían a si mismas como capitales de sus provincias, se resintieron de ser subsumidas dentro de los más grandes "Vice-reinos". Esta inquietud llevó a la creación de juntas en estas ciudades en 1809, que finalmente fueron reprimidas con violencia por las autoridades durante el curso del año. Un intento fallido de establecer una junta en la Nueva España fue detenido también. Con el fin de establecer un gobierno con mayor legitimidad, la Junta Suprema pidió la celebración de un "Cortes extraordinarias y generales de la nación española". El esquema de las elecciones para las Cortes, ahora sobre la base de provincias (diputaciones provinciales) y no de los reinos, era más equitativo y proporcionado, pero no colmaba las expectativas americanas, a la espera de re-definir lo que se consideran las Provincias españolas de América basadas en las antiguas intendencias de ultramar.
La disolución de la Junta Suprema el 29 de enero de 1810, debido a los reveses sufridos por las fuerzas españolas frente a Napoleón, desencadenó una nueva ola de juntas en América. La ocupación francesa en el sur de España obligó a la Junta Suprema a buscar refugio en la isla-ciudad de Cádiz. La Junta, desacreditada, se sustituye por una más pequeña, de cinco personas del consejo, llamado Consejo de Regencia de España e Indias. La mayoría de los americanos no veía razón para reconocer un gobierno provisional que estaba bajo la amenaza de ser capturado por los franceses en cualquier momento, y comenzó a trabajar para la creación de juntas locales americanas para preservar la independencia de la región de los franceses. Los movimientos junteros tuvieron éxito en la Nueva Granada (Colombia), Venezuela, Chile y Río de la Plata (Argentina). Sin éxito en América Central. En última instancia, América Central, junto con la mayoría de la Nueva España, Quito (Ecuador), Perú, Charcas (Bolivia), el Caribe y las Islas Filipinas se mantuvieron bajo control de los realistas durante la siguiente década y participaron en el esfuerzo español para establecer un gobierno liberal representado por las Cortes de la monarquía española.
PRIMEROS PRONUNCIAMIENTOS EN AMÉRICA
Las ideas ilustradas en América 
En el llamado “Siglo de las Luces” se insertan la quiebra del Antiguo Régimen y el fin de la hegemonía hispana con las independencias americanas, el desarrollo de la Revolución Francesa, la construcción del estado republicano en la Francia napoleónica y la incorporación de los Estados Unidos a la política internacional. Fue un tiempo marcado por las guerras, en el que Europa, y con ella, el conjunto de territorios coloniales vivía en un tenso equilibrio. 
En este escenario político y bélico surgió un pensamiento que defendía, desde la crítica universal, el triunfo de la razón, el imperio del conocimiento, la renovación de las artes y las letras, el optimismo filosófico y el valor de las leyes como ordenadores racionales de la vida de los individuos. 
Estas eran las ideas de la ilustración y del enciclopedismo, las mismas que, junto con los postulados de libertad política y económica de la burguesía, cruzaron el océano Atlántico y llegaron a las colonias en América. Allí surgieron notables científicos y humanistas que, a partir de la razón y la observación de la naturaleza, llevaron a cabo estudios acerca de diversas ciencias. A la par, en diversos lugares de América se crearon sociedades científicas y literarias que compartían los planteamientos de la ilustración. Este hecho fue importante para comprender la independencia de Hispanoamérica. 
LAS CAUSAS INTERNAS DE LA INDEPENDENCIA
Desde mediados del siglo XVII se operó una profunda transformación de la cultura, la ideología y el espíritu de las colonias de América, pues éstas habían adquirido un gran peso sobre la monarquía española, debió a su inmenso territorio, sus formidables recursos y su capacidad de demanda y adquirir productos europeos, convirtiéndose en un mercado absolutamente necesario para el desarrollo económico, comercial e industrial de los países de Europa. 
La situación de conflicto provocando por la serie de reformas...

miércoles, 15 de enero de 2014

La época del terror

Uno de los referentes mas importantes es este pero no especificas cual es para ti y de que pais te refieres espero te ayude esto

El Reinado del Terror, que también se conoce sencillamente como El Terror, abarcó un periodo de la historia de la Revolución Francesa de 1793 a 1794 caracterizado por la brutal represión de los revolucionarios mediante el recurso al terrorismo de Estado. El Reinado del Terror se desenvolvió bajo la dirección del Comité de Seguridad Pública, cuerpo colegiado de doce integrantes encabezado por Maximilien Robespierre, quien señalaría:

El terror no es más que la justicia rápida, severa, inflexible.


Robespierre caería luego víctima de su propia campaña de terror.

El nombre de Terror no pudo ser más justo. Los tribunales revolucionarios condenaron sumariamente a millares de civiles inocentes a muerte (en la guillotina, por lo general); otros fueron golpeados por turbas, a veces por sus opiniones o actos políticos, pero a menudo sin mayor justificación que la sospecha. La mayoría de las víctimas eran transportadas ceremoniosamente a la guillotina en carros tirados donde pasaban por en medio de gente que se mofaba ruidosamente de ellos.

Esta política obligó a numerosos ciudadanos a exiliarse, fueran o no afines al régimen monárquico, de hecho, liberales como Chateaubriand sufrieron ese destino, aunque posteriormente muchos regresarían a la vida pública durante el gobierno de Napoleón.

El Terror empezó el 5 de septiembre de 1793 cuando la Asamblea Nacional votó en favor de instrumentar medidas de terror para reprimir las actividades contrarrevolucionarias. El Reinado del Terror habría de durar hasta la primavera de 1794 y de cobrar entre 35.000 y 40.000 vidas. Tan solo en el mes anterior a su final, hubo 1.300 ejecuciones.

El Terror terminó al ganarse la decisiva Batalla de Fleurus, que aplastó al ejército austríaco el 26 de junio de 1794. Habiendo quedado anulada la posibilidad de una invasión, varios miembros de la Convención conspiraron contra Robespierre y lo arrestaron el 27 de julio (9 de Termidor) junto con varios seguidores. El guillotinamiento de Robespierre el día siguiente marcó el fin del Reinado del Terror y el inicio de la Reacción de Termidor.

Años después se reproduciría una nueva época de represión, que con el nombre de El Terror Blanco se instauraría en 1815 tras el retorno del Rey Luis XVIII al poder; gente sospechosa de nexos con los gobiernos de la Revolución o de Napoleón fueron arrestados y ejecutados.

martes, 14 de enero de 2014


revolución francesa
Se conoce como Revolución francesa al proceso social y político ocurrido en Francia entre 1789 y 1799, cuyas principales consecuencias fueron:
— El derrocamiento de Luis XVI, perteneciente a la Casa real de los Borbones
— La abolición de la monarquía en Francia
— La proclamación de la Iª República
El mismo año de 1789, cuando los colonos norteamericanos publicaban su Constitución,estallaba la Revolución en Francia. Esta tuvo una repercusión tal, que se la considera como el inicio de la época Contemporánea.
Causas
Luis XVI, Rey de Francia.
Las ácidas críticas de los escritores de la Ilustración al sistema político imperante; el descontento general ante el fracaso de la política exterior que obligó a entregar el Canadá a Inglaterra, y las aspiraciones de la alta burguesía a intervenir en el gobierno de la nación, prepararon un clima propicio a la revolución. Ella estalló al agudizarse la crisis económica que venía sufriendo el país desde el final de 1763.
Las causas más influyentes fueron:
— La incapacidad de las clases gobernantes (nobleza, clero y burguesía) para hacer frente a los problemas de Estado
— La indecisión de la monarquía
— Los excesivos impuestos que recaían sobre el campesinado
— El empobrecimiento de los trabajadores
— La agitación intelectual alentada por el Siglo de las Luces
— El ejemplo de la guerra de la Independencia estadounidense
Más de un siglo antes de que Luis XVI ascendiera al trono (1774), el Estado francés había sufrido periódicas crisis económicas motivadas por:
— Largas guerras emprendidas durante el reinado de Luis XIV
— Mala administración de los asuntos nacionales en el reinado de Luis XV
— Las cuantiosas pérdidas que acarreó la Guerra Francesa e India (1754-1763)
— El aumento de la deuda generado por los préstamos a las colonias británicas de Norteamérica durante la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783).
No tardaron en constituirse en toda Francia gobiernos provisionales locales y unidades de la milicia. El mando de la Guardia Nacional se le entregó al marqués de La Fayette, héroe de la guerra de la Independencia estadounidense. Luis XVI, incapaz de contener la corriente revolucionaria, ordenó a las tropas leales retirarse. Volvió a solicitar los servicios de Necker y legalizó oficialmente las medidas adoptadas por la Asamblea y los diversos gobiernos provisionales de las provincias.
María Antonieta y sus hijos. El temperamento frívolo de la reina concitó contra ella la animosidad del pueblo francés
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En agosto de 1774, el rey nombró controlador general de Finanzas a Anne Robert Jacques Turgot, un hombre de ideas liberales que instituyó una política rigurosa en lo referente a los gastos del Estado. Sin embargo, la mayor parte de su política restrictiva fue abandonada al cabo de dos años y Turgot se vio obligado a dimitir por las presiones de la nobleza y el clero, apoyados por la reina, María Antonieta de Austria. Su sucesor, el financiero y político Jacques Necker, tampoco consiguió realizar grandes cambios antes de abandonar su cargo en 1781, debido asimismo a la oposición de los mismos grupos.
La censura quedó abolida durante la campaña y multitud de escritos que recogían las ideas de la Ilustración circularon por toda Francia. Necker, a quien el monarca había vuelto a nombrar interventor general de Finanzas en 1788, estaba de acuerdo con Luis XVI en que el número de representantes del tercer estado (el pueblo) en los Estados Generales fuera igual al del primer estado (el clero) y el segundo estado (la nobleza) juntos, pero ninguno de los dos llegó a establecer un método de votación.
A pesar de que los tres estados estaban de acuerdo en que la estabilidad de la nación requería una transformación fundamental de la situación, los antagonismos estamentales imposibilitaron la unidad de acción en los Estados Generales, que se reunieron en Versalles el 5 de mayo de 1789.
Las delegaciones que representaban a los estamentos privilegiados de la sociedad francesa se enfrentaron inmediatamente a la cámara rechazando los nuevos métodos de votación presentados.
El pueblo exigía la convocatoria de los Estados Generales (una asamblea de notables formada por representantes del clero, la nobleza y el tercer estado), cuya última reunión se había producido en 1614, y el rey Luis XVI accedió finalmente a celebrar unas elecciones nacionales en 1788
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Las clases sociales que carecían de propiedades deseaban acceder al voto y liberarse de la miseria económica y social, y no tardaron en adoptar posiciones radicales. Este proceso, que se extendió rápidamente por toda Francia gracias a losclubes de los jacobinos, y de los cordeliers, adquirió gran impulso cuando se supo que María Antonieta estaba en constante comunicación con su hermano Leopoldo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
La precipitación de los acontecimientos
Para solucionar los problemas económicos, el débil monarca Luis XVI convocó a los Estados Generales del Reino (una asamblea consultiva) que no se reunían desde 1614.
Esta convocatoria fue exigida por los "privilegiados" (clero nobleza) quienes se negaban a pagar los tributos indispensables para conjurar la crisis económica. Los burgueses se aprovecharon de estas circunstancias y, ante la amenaza de la nobleza armada que pretendió mantener sus privilegios, movilizaron a toda la nación.
El pueblo salió a las calles de París y el 14 de julio de 1789, se apoderaron de laBastilla. Esta prisión era el símbolo del absolutismo político y del régimen que se deseaba cambiar. En esta jornada, una muchedumbre de artesanos, obreros, tenderos, estudiantes y funcionarios se impusieron a las tropas reales.
El pueblo de París respondió con la insurrección ante estos actos de provocación; los disturbios comenzaron el 12 de julio, y las multitudes asaltaron y tomaron La Bastilla —una prisión real que simbolizaba el despotismo de los Borbones— el 14 de julio.
Durante el transcurso de los diez años siguientes a estos acontecimientos, los ideales revolucionarios demostraron su fuerza. Se obtuvo la libertad política, la dictación de una Constitución que dividía los poderes del Estado para garantizar la libertad individual, para asegurar la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y para permitir la expresión de la soberanía popular mediante el sufragio.
A fin de defender sus conquistas ante la reacción de la nobleza que se alió con los monarcas extranjeros, los burgueses revolucionarios exaltaron el principio de la nacionalidad identificando a la Nación con el Estado. Al comienzo, nadie pensó que la conquista de la libertad desataría la violencia y la destrucción, pero así sucedió. No solamente el Rey fue guillotinado, también muchos protagonistas del proceso revolucionario se transformaron en sus víctimas.
En la Revolución francesa podemos distinguir cuatro etapas:
1.- La Asamblea Constituyente (1789-1791): formada por decisión de los miembros de la burguesía en el seno de la Asamblea de los Estados Generales convocados por el Rey; abolió los privilegios, sometió al clero al poder civil y secularizó sus bienes, ordenó la redacción de la "Declaración de los derechos del hombre", y estableció el imperio de la Constitución de 1791.
El rey se vio obligado a ceder ante la continua oposición a los decretos reales y la predisposición al amotinamiento del propio Ejército real. El 27 de junio ordenó a la nobleza y al clero que se unieran a la autoproclamada Asamblea Nacional Constituyente. Luis XVI cedió a las presiones de la reina María Antonieta y del conde de Artois (futuro rey de Francia con el nombre de Carlos X) y dio instrucciones para que varios regimientos extranjeros leales se concentraran en París y Versalles. Al mismo tiempo, Necker fue nuevamente destituido.
La Asamblea Nacional Constituyente comenzó su actividad movida por los desórdenes y disturbios que estaban produciéndose en las provincias (el periodo del "Gran Miedo"). El clero y la nobleza hubieron de renunciar a sus privilegios en la sesión celebrada durante la noche del 4 de agosto de 1789; la Asamblea aprobó una legislación por la que quedaba abolido el régimen feudal y señorial y se suprimía el diezmo, aunque se otorgaban compensaciones en ciertos casos. En otras leyes se prohibía la venta de cargos públicos y la exención tributaria de los estamentos privilegiados.
La burguesía en París, temerosa de que la muchedumbre de la ciudad aprovechara el derrumbamiento del antiguo sistema de gobierno y recurriera a la acción directa, se apresuró a establecer un gobierno provisional local y organizó una milicia popular, denominada oficialmente Guardia Nacional. El estandarte de los Borbones fue sustituido por la escarapela tricolor (azul, blanca y roja), símbolo de los revolucionarios que pasó a ser la bandera nacional.
La Fayette
Junto con la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, los delegados formularon los ideales de la Revolución, sintetizados más tarde en tres principios, "Liberté, Égalité, Fraternité"("Libertad, Igualdad, Fraternidad").
El 5 y el 6 de octubre, la población parisina, especialmente sus mujeres, marchó hacia Versalles y sitió el palacio real. Luis XVI y su familia fueron rescatados por La Fayette, quien les escoltó hasta París a petición del pueblo. Tras este suceso, algunos miembros conservadores de la Asamblea Constituyente, que acompañaron al rey a París, presentaron su dimisión.
2.- La Asamblea Legislativa (1791-1792): elegida por sufragio censitario y donde se impuso la tendencia republicana de los moderados girondinos y los extremistas jacobinos sobre los defensores de la monarquía; creó el ejército nacional para defender el proceso revolucionario contra los demás monarcas europeos, ya que los nobles que habían emigrado trataban de conseguir la ayuda de Prusia y Austria para restablecer el "Antiguo Régimen".
El 17 de julio de 1791 los sans-culottes (miembros de una tendencia revolucionaria radical que exigía la proclamación de la república) se reunieron en el Campo de Marte y exigieron que se depusiera al monarca. La Guardia Nacional abrió fuego contra los manifestantes y los dispersó siguiendo las órdenes de La Fayette, vinculado políticamente a los feuillants, un grupo formado por monárquicos moderados.
El rey fue privado de sus poderes durante un breve periodo, pero la mayoría moderada de la Asamblea Constituyente, que temía que se incrementaran los disturbios, restituyó a Luis XVI con la esperanza de frenar el ascenso del radicalismo y evitar una intervención de las potencias extranjeras.
El 14 de septiembre, el rey juró respetar la Constitución modificada. Dos semanas después, se disolvió la Asamblea Constituyente para dar paso a las elecciones sancionadas por la Constitución. Durante este tiempo, Leopoldo II y Federico Guillermo II, rey de Prusia, emitieron el 27 de agosto una declaración conjunta referente a Francia en la que se amenazaba veladamente con una intervención armada.
La Asamblea Legislativa, que comenzó sus sesiones el 1 de octubre de 1791, estaba formada por 750 miembros que no tenían experiencia alguna en la vida política, debido a que los propios integrantes de la Asamblea Constituyente habían votado en contra de su elegibilidad como diputados de la nueva cámara. Ésta se hallaba dividida en facciones divergentes.
El centro de la cámara acogía al grupo mayoritario, conocido como el Llano, que carecía de opiniones políticas definidas pero que se oponía unánimemente al sector radical que se sentaba en el ala izquierda, compuesto principalmente por los girondinos, que defendían la transformación de la monarquía constitucional en una república federal, un proyecto similar al de los montagnards(grupo que por ocupar la parte superior de la cámara, recibió el apelativo de La Montaña) integrados por los jacobinos y loscordeliers, que abogaban por la implantación de una república centralizada.
María Antonieta ante un Tribunal Revolucionario
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Antes de que estas disensiones abrieran una profunda brecha en las relaciones entre los girondinos y los montagnards, el sector republicano de la Asamblea consiguió la aprobación de varios proyectos de ley importantes, entre los que se incluían severas medidas contra los miembros del clero que se negaran a jurar lealtad al nuevo régimen. Sin embargo, Luis XVI ejerció su derecho a veto sobre estos decretos, provocando así una crisis parlamentaria que llevó al poder a los girondinos.
A pesar de la oposición de los más destacados montagnards, el gabinete girondino, presidido por Jean Marie Roland de la Platière, adoptó una actitud beligerante hacia Federico Guillermo II y Francisco II, el nuevo emperador del Sacro Imperio Romano, que había sucedido a su padre, Leopoldo II, el 1 de marzo de 1792.
El deseo de entablar una guerra se extendió rápidamente entre los monárquicos, que confiaban en la derrota del gobierno revolucionario y en la restauración del Antiguo Régimen, y entre los girondinos, que anhelaban un triunfo definitivo sobre los sectores reaccionarios tanto en el interior como en el exterior. El 20 de abril de 1792 la Asamblea Legislativa declaró la guerra al Sacro Imperio Romano.
Marat, activista revolucionario, miembro de la Convención, contribuyó a la caída de los girondinos.
3.- La Convención (1792-1795): que reclamó la República, dio muerte al monarca e impuso un régimen  de terror tal, que nadie se sentía seguro después del asesinato de Marat y la ejecución deDantón, dos líderes revolucionarios. La Convención pretendió borrar todo vestigio del pasado, cambiando el calendario e introduciendo el culto a la diosa Razón; mas, la posición extremista deRobespierre unió a todas las fuerzas contra él y se le ajustició, junto a sus colaboradores que habían llevado la violencia al paroxismo mediante la implantación de ese régimen de terror.
Se impusieron importantes restricciones al poder de la Iglesia católica mediante una serie de artículos denominados Constitución civil del Clero:
— Confiscación de los bienes eclesiásticos
— Se permitió al Estado emitir un nuevo tipo de papel moneda, los asignados, garantizado por las tierras confiscadas
— Que los sacerdotes y obispos fueran elegidos por los votantes
— Recibieran una remuneración del Estado
— Prestaran un juramento de lealtad al Estado
— Que las órdenes monásticas fueran disueltas.
Toma de la Bastilla, 14 de julio de 1789.
4.- El Directorio (1795-99): que fue un gobierno moderado y que, ante el peligro de un retorno de la reacción o de un rebrote del terror, acabó por ceder el poder a un joven general que se había distinguido por sus victorias contra los austríacos en Italia: Napoleón Bonaparte
Obra de Bonaparte
Este general dirigió y condujo la política francesa durante quince años. Las campañas militares de sus ejércitos difundieron los principios de la Revolución por todo el continente europeo.
Gracias al prestigio que le dieron sus campañas de Italia y de Egipto, pudo dar un exitoso golpe de Estado que le permitió derrocar al Directorio y crear el Consulado, en el cual asumió el cargo de Primer Cónsul. Tres años más tarde, se declaró cónsul único y vitalicio, y un decreto senatorial de 1804, ratificado por un plebiscito, lo proclamó "Emperador de los franceses".
Napoleón Bonaparte
Napoleón Bonaparte.
La política internacional de Bonaparte estuvo dominada por sus ambiciones imperialistas que lo llevaron a intentar el dominio de Europa. Inglaterra organizó coaliciones para impedir el auge de un rival tan poderoso. El emperador impuso a los países sometidos "el bloqueo continental" para perjudicar los intereses económicos de los ingleses: nadie podría importar ni exportar mercaderías de Inglaterra. Para hacer respetar estas medidas, debió invadir Portugal, hecho que lo llevó a intervenir en España. El pueblo español se levantó contra el "usurpador", organizó guerrillas e infligió las primeras derrotas al ejército imperial (1808).
Para impedir la alianza anglo-rusa, Bonaparte emprendió personalmente la campaña contra el zar. A pesar de sus triunfos, tuvo que retirarse de Moscú. El invierno diezmó sus fuerzas y no le permitió sofocar los nuevos levantamientos de los pueblos sojuzgados. Sus enemigos lo derrotaron en Leipzig y lo enviaron a la isla Elba. Logró escapar y gobernar a Francia durante cien días. Derrotado en Waterloo, fue desterrado a la isla Santa Elena donde murió en 1821.
Bonaparte fue, a la vez, un héroe romántico, un hombre de acción y de rápidas decisiones y un revolucionario que consolidó los cambios exigidos por la burguesía al comienzo de la Revolución. Organizó el Estado creando un modelo que fue imitado por muchos países durante todo el siglo XIX. Entre otras medidas, ordenó la redacción del Código Civilmodernizó la administración públicauniformó el sistema de pesos y medidas aplicando el sistema decimal, organizó la enseñanza fiscal (los liceos, dependientes del Estado, reemplazaron a los colegios de la iglesia) y adecuó la Universidad a las necesidades profesionales del país.